LOS LIBROS EN EL 11 Esas actitudes ilustradas:

 

LOS LIBROS EN EL 11
Esas actitudes ilustradas: Libros envenenados

                       

Un militar ilustrado, en defensa de la seguridad interior del país, quema libros portadores
de ideas destructivas para la salud mental de la población.
Foto: El Mercurio

Por Marcelo Somarriva Q.
en Artes y Letras de El Mercurio, 7 de Septiembre de 2003

Qué libros había en las librerías antes del 11 de septiembre de 1973 y de cómo el libro pasó a convertirse en un objeto peligroso, en un agente no confiable y venenoso.

A comienzos de agosto de 1973, la publicación del libro « Capítulos de la historia de Chile » firmado por Ranquil provocó algo parecido a la indignación pública. Esta versión marxista de la historia de Chile que, entre otras cosas en extremo irritantes dejaba a Bernardo O’Higgins como a un segundón, se difundía pocos días antes de la conmemoración del aniversario de su natalicio. Para la Semana O’Higginiana, un grupo de instituciones convocadas por el Cuerpo de Generales y Almirantes en Retiro organizaron una condolida romería de desagravio ante la tumba del prócer cuya memoria había sido deformada. El diario « El Mercurio » en una editorial del 22 de agosto denunció « un ataque sibilino primero y desembozado después a la historia de Chile » como parte de « un intento de corromper nuestra cultura ». Esta « faena de demolición cultural », acusaba el editorial, « ha estado a cargo de una editorial, la Quimantú« .

Como señala Bernardo Subercaseaux en su libro « Historia del Libro en Chile (Alma y cuerpo) » (Lom 2000), la creación de la editorial estatal Quimantú (una conjunción de las voces mapudungun Kim, saber o conocer, y Antu, sol) obedeció en su inicio a una lógica económica que privilegió los cambios de propiedad y la estatización. La editorial Zig-Zag terminó convertida en Quimantú, después de que los casi mil trabajadores que laboraban en la empresa iniciaran una huelga que derivó en una negociación entre el Estado y el sector privado. Tras la huelga, la infraestructura de la editorial pasó a manos del Estado, conservándose en manos privadas el nombre Zig-Zag y la propiedad de algunas publicaciones. Por esto, Quimantú no habría podido escapar a los grandes problemas a que se vieron enfrentadas las empresas del área social: « El celo de los distintos partidos de gobierno por mantener una especie de equilibrio de influencias y la pérdida de la calidad en la gestión y el manejo de la empresa ». A pesar de todo, la editorial logró transformarse en el principal aparato de producción de libros en Chile alcanzando una producción masiva inédita.

La matriz iluminista

En su primer año, Quimantú, además de imprimir mayoritariamente textos para terceros, formó las colecciones « Quimantú para todos« , con dos títulos quincenales y un tiraje aproximado de 50.000 ejemplares; « Nosotros los chilenos », también quincenal; « Camino Abierto » y « Cuadernos de Educación Popular« , dirigidos por Marta Harnecker. Al año siguiente, se añadieron las colecciones « Minilibros« , que publicaba cuatro títulos al mes, mayoritariamente novelas cortas o relatos de la literatura universal, y que en su año de existencia alcanzó a publicar 55 títulos con un tiraje insólito de 3.660.000 ejemplares; la serie « Cordillera », también dedicada a la literatura con 5.000 ejemplares mensuales; la línea infantil « Cuncuna » con 20.000 y los « Documentos especiales » de carácter periodístico. Es fácil notar cuáles de estas colecciones tenían un carácter explícitamente ideológico. Fue precisamente en estas donde se hicieron sentir con mayor intensidad las presiones de los distintos sectores políticos de la UP. El escritor José Miguel Varas recuerda que en Quimantú coexistían muchas expresiones críticas dentro de una corriente principal. Como ejemplo menciona el caso de la revista literaria « La quinta rueda », dirigida por Hans Ehrmann – quien, por su parte, en una entrevista en « Chile Hoy » de julio de 1973, lamentaba que el gobierno no haya sido capaz de preocuparse de implementar una política cultural. Estas colecciones políticas representaban un sector cuantitativamente menor en comparación con la producción eminentemente literaria, que era la más masiva en términos de distribución y tiraje, alcanzando los 525.000 ejemplares mensuales distribuidos principalmente en quioscos.

Subercaseaux constata cómo históricamente en Chile el libro ha sido percibido desde una matriz iluminista y mesocrática como el alma de la cultura, pero cómo al mismo tiempo se han propugnado prácticas económicas o legislativas que desconocen este carácter. Según el autor, esta paradoja explicaría las limitaciones y los alcances de la política editorial implementada durante la UP, ya que así como detrás de Quimantú había una valoración ilustrada del libro, en la práctica el sector privado de la industria siguió estando desprotegido e incluso castigado, sin posibilidad de acceder o competir con el mercado internacional.

En julio de 1973, el eternamente polémico Enrique Lafourcade sostenía desde su crónica de « Las Últimas Noticias » que en Chile muy pronto se iban a terminar las librerías:  » Alguien convenció al técnico del Banco Central de que una buena manera de ahorrar divisas era concluir con las importaciones de esa mercadería que, al fin y al cabo, no parece de primera necesidad. Ahorrar dólares en libros para entrar más harina, o metralletas para la revolución, para el ‘terror’ que se avecina ». Sin embargo, el escritor y editor Germán Marín recuerda que en esos años había en Chile muchos libros extranjeros, ya que el Banco Central había creado un dólar preferencial.

De cualquier manera, en la época el mercado del libro estuvo determinado por Quimantú y las demás editoriales siguieron en alguna medida la corriente de masificación. Nascimento creó su « Biblioteca Popular », la Editorial Universitaria extendió su sello de libros Cormorán e implementó el Bibliobús y las editoriales universitarias abrieron editoriales al alero de la reforma.

Se pronuncian

Germán Marín recuerda que en los días cercanos al 11 de septiembre la vitrina de la librería que tenía junto a Juana Robles exhibía, a la poca clientela que se acercaba entonces, títulos de Puig, Mandel, Arguedas, Borges, Lenin y Prévert. Por su parte, la prensa de la época anunciaba la aparición de « Erendira y su abuela desalmada », de Gabriel García Márquez; « Novelas Cortas » de Carlos León; « El libro de Manuel » de Julio Cortázar, « Navegantes » de Bernardo Kordon, « Conciencia histórica » de Enrique Espinoza, y « El libro de cabecera del espía » compilado por Graham y Hugh Greene. Desde su columna dominical el crítico Ignacio Valente reseñaba los dispares méritos de « Tiro libre » de Skármeta; repudiaba el « insulso lirismo de ocasión » del libro « Juan Salvador Gaviota » y celebraba con entusiasmo la novela « The Buenos Aires Affaire », de Manuel Puig.

Según recuerda José Miguel Varas, durante esos años no eran pocos los que leían a escritores italianos de la posguerra como Cesare Pavese y Carlo Levi. Otros más intelectualizados, agrega, leían a Marguerite Yourcenar y Marguerite Duras. Estuvieron muy de moda autores suizos como Dürrenmatt y Frisch e ingleses como Joyce Cary. De los chilenos se leía a Neruda, Nicanor Parra, Manuel Rojas, Francisco Coloane, José Donoso, Jorge Edwards, Alfonso Alcalde y Efraín Barquero; de los latinoamericanos a García Márquez, Vargas Llosa y Cortázar. Se descubría la obra de Marechal.

Inmediatamente después del golpe Quimantú fue allanada e intervenida. Se picaron cinco millones de textos escolares impresos para Cuba. Fueron destruidos parcial o totalmente los libros « Canción de gesta », de Neruda; « Mister Jara » de Gonzalo Drago, « Puerto Engaño » de Leonardo Espinoza y « Poesía Popular Chilena » de Diego Muñoz. Se prohibieron inmediatamente, entre otros títulos, « Poemas inmortales e incitación al nixonicidio » de Pablo Neruda, « La viuda del Conventillo » de Alberto Romero, « El Chilote Otey » de Francisco Coloane y « El ciclista del San Cristóbal » de Skármeta. Quimantú pasó a llamarse Editora Nacional Gabriela Mistral y su control fue asignado al general (R) Diego Barros Ortiz. Con el tiempo, algunos títulos requisados reaparecieron bajo el nuevo sello, libros como las memorias de Marta Vergara y la novela « Sábadomingo » de Juan Uribe Echavarría.

Se cerró la librería y la editorial PLA (Prensa Latinoamericana), de orientación socialista, y la distribuidora de las ediciones UDA. Según recuerda Eduardo Castro, la situación en la Editorial Universitaria no fue tan trágica. Las cosas se arreglaron para que las reuniones de directorio siguieran normalmente, sin llamar a una junta extraordinaria. En relación con los libros no recuerda destrucciones ni quemas. « Se guardaron en bodega los que se estimaron más conflictivos y luego el directorio se comprometió a no publicar libros políticos o religiosos ».

Entre las distintas actitudes que el gobierno militar adoptó frente al libro, entre 1973 y 1976 operaron restricciones por vías directamente represivas. Subercaseux señala que conforme con la doctrina de la seguridad nacional imperante el libro se convirtió en un objeto peligroso. Como observaba Jorge Edwards en un artículo publicado en la revista Cauce en enero de 1984, « desde los comienzos del régimen, la teoría de la seguridad nacional (…) estuvo ligada a la preocupación por controlar los libros y por limitar la libertad de expresión. La seguridad nacional no sólo se refiere a la defensa frente al ataque externo. Concierne también a la defensa del orden interno contra la penetración de ideas subversivas del exterior ». Se produjeron situaciones absurdas, como cuando se ordenó recoger un libro titulado « Cubismo » creyendo que podía tener alguna relación con la revolución cubana, o trágicas como el caso de Gustavo Olate que fue a Villa Grimaldi por su novela « Los asesinos del suicida », publicada en marzo de 1973.

Según Subercaseaux, paradójicamente fue otra vez la matriz iluminista la que operó detrás de las persecuciones: se persiguió a los libros, entre otras razones, porque se cree demasiado en ellos. Un editorial de La Nación del 31 de mayo de 1984 exponía estos temores: « El acto de regalar un libro, tan simple en apariencia, tan inofensivo, envuelve riesgos que no se pueden pasar por alto. No siempre un libro, por el solo hecho de serlo satisface el propósito ideal que generalmente le suponemos. Porque no siempre resulta ser un agente confiable de cultura o un recurso no contaminado de salud mental ».

traducion por Isabelita

LIVRES du  11 semptembre  1973 au Chili ou les : Livres empoisonnés
 
Un militaire illustré dans la défense de la sécurité intérieure du pays, gravure de supports de livres des idées destructrices pour la santé mentale de la population. Photo: The Mercury Par Marcelo Somarriva Q. des arts et des lettres au mercure, le 7 septembre 2003
Quels livres ont en librairie avant le 11 Septembre 1973, et comment le livre est devenu un objet dangereux, un agent fiable et toxiques. Au début Août 1973, la publication du livre « Les chapitres de l’histoire du Chili » signé par quelque chose comme Ranquil provoqué l’indignation du public. Cette version chilienne histoire marxiste, entre autres choses extrêmement irritant pour Bernardo O’Higgins gauche comme un second fils, a été diffusé quelques jours avant la commémoration de l’anniversaire de sa naissance. Pour O’Higgins , un groupe d’institutions appelé par les généraux et amiraux Corps en Retiro organisé un pèlerinage soulagement deuil sur la tombe du héros dont la mémoire avait été déformé. Le journal « El Mercurio » dans un éditorial du 22 Août rapporté « attaque sifflante d’abord, puis l’histoire chilienne démasqué » dans le cadre d’une «tentative de corrompre notre culture. » Ce «travail de démolition de la culture», selon l’éditorial, «a été en charge de l’édition, Quimantu ». Comme indiqué Bernardo Subercaseaux dans son livre « Histoire du livre au Chili (âme et corps) » (Lom 2000), la création de l’édition de l’État Quimantu (une conjonction de la voix mapudungun Kim, connaître ou rencontrer, et Antu, soleil) obéi dans votre maison pour une privilégiés des changements logiques économiques dans la propriété et la nationalisation. Zig-Zag L’éditeur a fini comme Quimantu, après près d’un millier de personnes qui travaillaient dans l’entreprise a lancé une grève qui a conduit à des négociations entre l’État et le secteur privé. Après la grève, l’infrastructure de l’édition passée à l’État, en restant dans des mains privées le nom Zig-Zag et l’appropriation de certaines publications. Par conséquent, Quimantu n’aurait pas échappé aux grands problèmes qui ont été rencontrés entreprises de la région sociales: «Le zèle des différentes parties au sein du gouvernement de maintenir une sorte d’équilibre d’influence et de perte de la qualité dans la gestion et la gestion de l’entreprise « . Néanmoins, l’éditeur a réussi à devenir la principale unité de production de livres au Chili pour atteindre une production de masse sans précédent. Le siècle des Lumières matrice Dans sa première année, Quimantu aussi surtout de l’impression de texte pour compte de tiers, a formé les collections « Quimantu pour tous», avec deux titres tous les quinze jours et un tirage d’environ 50.000 exemplaires, «Nous Chiliens » également toutes les deux semaines, «Open Road» et « Journal d’Education Populaire», dirigé par Marta Harnecker. L’année suivante, les collections ont été ajoutés « minibooks », il a publié quatre titres par mois, principalement des romans ou des nouvelles de la littérature mondiale, et dans l’année de son existence réussi à publier 55 titres avec un tirage de 3.660.000 exemplaires insolites , la série « Montagnes » également consacrés à la littérature avec 5.000 exemplaires par mois, la ligne des enfants « chenille » avec 20,000 et «Papiers spéciaux» journalistique. Il est facile de voir laquelle de ces collections étaient caractère explicitement idéologique. C’est précisément ce qui a été ressenti plus fortement les pressions des différents domaines d’action de l’UP. L’écrivain José Miguel Varas Quimantu rappelle que de nombreuses expressions critiques coexistent au sein d’un grand public. À titre d’exemple, il cite le cas de la revue littéraire « The Fifth Wheel », réalisé par Hans Ehrmann – qui, à son tour, dans une interview à « Chili Today » Juillet 1973 plaint que le gouvernement n’a pas été en mesure d’inquiéter mettre en œuvre une politique culturelle. Ces collections représentent une des politiques sectorielles par rapport production quantitativement moins éminemment littéraire, qui a été la plus massive en termes de distribution et de diffusion, pour atteindre 525.000 exemplaires mensuels distribués principalement dans les kiosques. Subercaseaux note comment le livre du Chili a été historiquement perçu d’un mesocratic Lumières de tableau et l’âme de la culture, mais comment en même temps avoir des pratiques économiques ou législatif prôné familier avec ce personnage. Selon l’auteur, ce paradoxe expliquer les limites et la portée de la politique éditoriale mise en œuvre au cours de l’UP, ainsi que derrière Quimantu était une revue illustrée du livre, dans la pratique, l’industrie du secteur privé est resté non protégés et même puni , pas d’accès ou concurrencer le marché international. En Juillet 1973, le toujours controversé Enrique Lafourcade lieu du « Dernières Nouvelles » chronique que le Chili allait bientôt mettre fin aux bibliothèques: «Quelqu’un a convaincu la Banque centrale technique qu’une bonne façon d’économiser des devises a été conclu les importations de ces marchandises qui, après tout, ne semblent pas agrafes. Sauvegarde de dollars sur les livres pour obtenir plus de farine, ou des mitrailleuses pour la révolution, pour le «horreur» qui se profile. Cependant, l’écrivain et éditeur Germán Marín rappelez-vous que dans ces années-là était au Chili beaucoup de livres étrangers, la Banque centrale a créé un dollar préférentiel. Cependant, au moment où le marché du livre a été tirée par d’autres éditeurs Quimantu et suivie dans une certaine mesure la surpopulation actuelle. Nascimento a créé sa «Bibliothèque populaire», les livres d’édition universitaires étendu son sceau Bibliobus Cormorant et mis en œuvre les presses universitaires et les éditeurs ont ouvert la réforme. Sont prononcées Germán Marín a rappelé que, dans les jours qui ont précédé Septembre 11, la fenêtre de la bibliothèque qui avait exposé aux côtés de Juana Robles, à une mauvaise client puis approchant, Puig titres, Mandel, Arguedas, Borges, Lénine et Prévert. Pendant ce temps, la presse de l’époque annonçait l’apparition de « Erendira et de sa grand-mère Heartless » de Gabriel Garcia Marquez, « Short Novels » de Carlos Leon, «Le Livre de Manuel » par Julio Cortazar « Navigators » Bernardo Kordon «conscience historique» par Enrique Espinoza, et « Le livre de chevet de Spy » compilé par Graham Greene et Hugh. De ses vêtements du dimanche colonne critique Ignacio Valente reseñaba les mérites disparates de « coup franc » de Skármeta, répudié le «lyrisme fade utilisé » le livre «Jonathan Livingston Seagull» et roman « L’Affaire de Buenos Aires » célèbre avec enthousiasme par Manuel Puig. Il se souvient José Miguel Varas, au cours de ces années, il y avait peu de ceux qui lisent les écrivains italiens d’après-guerre que Cesare Pavese et Carlo Levi. Autre plus intellectualisé, ajouter, lire Marguerite Yourcenar et Marguerite Duras. Les auteurs étaient très à la mode comme Dürrenmatt et Frisch suisse et l’anglais comme Joyce Cary. Des Chiliens lecture Neruda, Nicanor Parra, Manuel Rojas, Francisco Coloane, José Donoso, Jorge Edwards, et le maire Ephraim Alfonso Barquero, des Latino-Américains à García Márquez, Vargas Llosa et Cortázar. Il découvre le travail de Maréchal. Immédiatement après la Quimantu de coup d’Etat a été attaqué et est intervenu. Ont été choisis de cinq millions de manuels imprimés pour Cuba. Ont été partiellement ou totalement détruits les livres « épique chanson » Neruda, « M. Jara » Gonzalo Drago, « Puerto Deception » par Leonardo Espinoza et «poésie populaire chilienne » par Diego Muñoz. Il a immédiatement interdit, entre autres titres, « Poèmes et incitation nixonicidio immortelle » de Pablo Neruda, « Tenement The Widow » par Alberto Romero, «La Chilote Otey » Francisco Coloane et « The San Cristobal rider » de Skármeta. Quimantu renommée nationale éditeur Gabriela Mistral et son contrôle a été confiée au général (R) Diego Barros Ortiz. Au fil du temps, certains titres réapparu saisis en vertu de la nouvelle étiquette, les livres et les souvenirs de Marta Vergara et le roman « Sábadomingo » par Juan Uribe Echavarria. Il a fermé la bibliothèque et de l’édition PLA (American Press) orientation socialiste et distributeur éditions UDA. Il rappelle Eduardo Castro, la situation dans le University Press n’était pas si tragique. Les choses sont organisées des réunions du conseil poursuivre normalement sans convoquer une réunion spéciale. En ce qui concerne les livres ne me souviens pas la destruction ou de brûlure. « Il a continué à tenir le plus controversé est estimé, puis le Conseil a décidé de ne pas publier des livres politiques ou religieuses. » Parmi les différentes attitudes adoptées le gouvernement militaire contre le livre, entre 1973 et 1976 opéré restrictions directement l’intérieur des terres répressives. Subercaseux note que, selon la doctrine de l’impératif de sécurité nationale le livre est devenu un objet dangereux. Comme l’a noté George Edwards dans un article publié dans le magazine en Janvier 1984 Runway « , depuis le début du régime, la théorie de la sécurité nationale (…) est liée aux préoccupations concernant le contrôle des livres et de limiter la liberté d’ expression sécurité. Homeland se réfère non seulement à la défense contre les agressions extérieures. concerne également la défense de l’ordre interne contre la pénétration des idées subversives de l’étranger « . Il y avait des situations absurdes, comme quand il a été condamné à ramasser un livre intitulé « cubisme » croyant que pourrait être lié à la révolution cubaine, ou tragique comme le cas de Gustavo Olate qui est allé à la Villa Grimaldi pour son roman « Les assassins de suicide», publié en Mars 1973. Selon Subercaseaux paradoxalement été de nouveau éclairé matrice qui opérait derrière les persécutions ont été persécutés livres, entre autres raisons, parce que l’on croit trop en eux. Un éditorial paru dans The Nation du 31 mai 1984 exposé ces craintes: «L’acte de donner, un livre, si simple en apparence, si inoffensif, comporte des risques qui ne peut être négligée n’est pas toujours un livre, juste parce que. être satisfaits pour que supposent généralement parfait. parce que pas toujours être un agent fiable ou la culture des ressources non contaminée santé mentale. « 

 
 
Annuler les modifications
Alpha
 
 
 
 
Cette traduction est-elle meilleure que celle d’origine ?
Oui, envoyer la traduction
Merci de votre envoi.
 
 
Exemple d’utilisation de «  » :
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cliquer ici pour apporter des modifications et voir d’autres traductions
 
Appuyer sur la touche Maj pour faire glisser et réorganiser
 
 
 
 
 

 

 

 

En passant | Cet article a été publié dans Non classé. Ajoutez ce permalien à vos favoris.

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s